Noticias Guías Los mejores juegos Próximos lanzamientos Lanzamientos del mes

Análisis The Henchmen

The Henchmen es un sandbox criminal compacto que usa su estética PSX como lenguaje, no como disfraz.

¿Lo has jugado? Sé el primero en ponerle nota.

The Henchmen es un sandbox criminal compacto que mira a los noventa sin disfrazarse de museo. Su ciudad se usa como herramienta, no como atrezzo, y el envoltorio PSX no es maquillaje: condiciona cómo conduces, cómo disparas y cómo lees el caos. No aspira a ser mastodóntico; apoya su propuesta en ritmo, claridad y una elegancia tosca que encaja con su ambición.

Tráiler de The HenchmenVer tráiler

Jugabilidad: pequeño, directo y con colmillo

The Henchmen se articula como un sandbox clásico concentrado: un núcleo urbano con zonas conectadas, encargos que avanzan sin grasa y actividades paralelas que se abren paso al progresar. Su bucle destaca por el ritmo: misiones breves que se recuerdan por cómo te obligan a usar el terreno. Las persecuciones no son un trámite, sino un problema de lectura de huecos y trazadas; el tráfico no bloquea por capricho, te empuja a improvisar con callejones y puentes para soltar la presión policial que aumenta si te pasas de rosca.

El tiroteo acompaña sin querer robar plano. Cada arma marca su carácter en retroceso y recarga, lo justo para forzar el movimiento y evitar parapetos estáticos. La cobertura no se basa en pegarte a una pared con botón dedicado, sino en comprender siluetas y ángulos: chasis de coches, esquinas y mobiliario urbano como escudos desechables. El conjunto brilla cuando mezclas ambos planos: entras a un garaje a limpiar a pie, sales con el motor tosiendo y dejas una patrulla atascada en un badén que habías calculado de antemano.

Hay puntadas más torpes. El tránsito entre peatón y coche puede sentirse rígido y la cámara, en interiores o callejones, a veces pelea la visibilidad. También aparecen picos de dificultad ligados a patrones de aparición enemiga que te pillan a contrapié. La gracia es que el juego te saca de la caída con reintentos ágiles, invitando a repetir por orgullo y a limar rutas más que por puro peaje.

Narrativa: tópico con buen colmillo y ritmo callejero

No busca reinventar el crimen, sino afinar su tono. La historia avanza con diálogos breves, encargos secos y un puñado de secundarios que entran, cumplen y dejan rastro. Funciona como atmósfera: radios con cinismo, pullas de videoclub y esa amargura tenue que queda cuando la ciudad se calla tras una refriega. No hay grandes monólogos ni clímax operísticos; hay identidad sostenida por textura urbana y gestos pequeños que encajan con su escala.

El ritmo de los encargos refuerza esa intención. Lo narrativo no detiene el juego, lo orienta: un trabajito que exige sigilo improvisado, otro que te empuja a quemar ruedas bajo lluvia y un tercero que te mete en una ratonera con salida por el muelle. La progresión de roles dentro del escalafón criminal se sugiere más por las herramientas que te ponen delante y los riesgos que asumes que por discursos. Es coherente con el conjunto: corto de palabra cuando toca, con mordida cuando hace falta.

Apartado técnico: sólido sin aspavientos

El acabado desmiente el aspecto vetusto. Bajo la estética de baja densidad poligonal hay un juego que mantiene el tipo y prioriza la estabilidad de la experiencia. Las cargas son breves y los reintentos tras fallo entran con rapidez, lo que preserva el pulso de sus misiones cortas. Se perciben pequeños tropiezos puntuales al movernos a toda velocidad entre sectores y alguna rareza al alternar modos de visualización, pero no empañan el conjunto.

La interfaz opta por la limpieza: mapa con información útil sin iconografía abrumadora y marcadores legibles que respetan la escala. Los menús incluyen ajustes visuales que permiten modular la estética retro con cierta granularidad, y opciones claras que ayudan a encontrar un punto dulce sin perder el carácter del juego. El objetivo es no interponerse entre el jugador y la ciudad, y se nota.

Arte y sonido: The Henchmen y la PSX con alma

Aquí está el pulso. Polígonos toscos, texturas lavadas, dithering y una paleta que de noche se enciende con neones y faros cortando la niebla. El filtro de pantalla no es un capricho: suaviza dientes, añade un velo fantasmal y modifica la lectura de la distancia y del movimiento. La meteorología —lluvia y nieve— no solo pinta la postal, altera la conducción y obliga a recalcular frenadas. La ciudad, sin ser enorme, diferencia bien sus barrios: bloques mugrientos, avenidas brillantes y muelles con luz amarilla que huele a óxido.

La banda sonora mezcla breakbeat y sintetizadores ásperos con guiños de jazz noctámbulo. No busca lucirse por cantidad, sino por cómo engancha con la acción: persecución, descanso, nuevo pico. Las mixtapes coleccionables no son decoración: reencuadran el ánimo de un trayecto nocturno y refuerzan la firma del sello que lo edita. Los efectos suenan con pegada: frenos que chían, impactos secos, sirenas que muerden. Las locuciones, espartanas, abrazan ese aire de serie B que define la propuesta; si te va ese registro, encaja como un guante.

El sonido, además, cumple un papel práctico. Advertencias policiales, motores rivales y chasquidos de recarga te informan del estado de la escena sin saturar la pantalla. En un juego que pide moverte y decidir rápido, esa lectura auditiva marca la diferencia.

Contenido y duración: bocado sabroso, no banquete

The Henchmen no pretende ser eterno. La campaña avanza a ritmo firme y se apoya en misiones que se aprenden por rutas y tiempos. Su valor está en la densidad: muy poco relleno y una estructura que te deja reintentar sin castigo, lo que anima a “hacerlo bonito” más que a tachar tareas. Como experiencia cerrada, empieza y termina cuando debe, dejando la sensación de haber exprimido justo lo que ofrece.

Se echa en falta una capa adicional de progresión a largo plazo que potencie la rejugabilidad más allá del orgullo: mejoras con sinergias o decisiones sistémicas que cambien tu forma de abordar encargos. Sin esa arista, el postre sabe más a repetir para pulir que a descubrir nuevas posibilidades. Si entras pidiendo mapa infinito e iconos que se renuevan solos, aquí no lo vas a encontrar; si quieres una ración concentrada que exprime su marco, cumple.

Las actividades secundarias y coleccionables apuntalan el tono y te empujan a recorrer calles menos transitadas, más por curiosidad y estética que por botín mecánico. Esa honestidad de objetivos modestos favorece que cada sesión tenga principio y fin claros, sin estirar el chicle.

Innovación: mirar atrás con criterio

No hay revoluciones de sistema, pero sí una mirada precisa. The Henchmen aplica comodidades modernas —reapariciones rápidas, UI clara, ajustes visuales con sentido— a una acción criminal de inspiración noventera que otros han tratado como broma estética. Aquí el retro es lenguaje: la limitación visual obliga a decidir con menos información y le sienta bien a las persecuciones y a los tiroteos en espacios sucios.

Dentro de ese marco, juega sobre seguro. Se echa en falta una misión sistémica que rompa la baraja o un elemento mecánico que reconfigure reglas durante un rato. Lo que hay está cohesionado y sabe a decisión consciente: mejor pulir lo que funciona que prometer grandeza y naufragar. El resultado es un diseño que no sorprende por novedad, sino por consistencia y personalidad.

Accesibilidad y opciones: ajustes sin perder carácter

El juego incluye ajustes de sensibilidad, inversión de ejes y escalado de interfaz que ayudan a legibilidad en pantallas distintas. El asistente de apuntado en mando está bien calibrado: amortigua sin convertirte en ametralladora. El filtro visual se puede modular o desactivar, lo que agradecen quienes tienen dificultades con la lectura en noches cerradas o con lluvia intensa.

Se echan en falta opciones más finas de remapeo en PC y algún modo de alto contraste que mantenga el lenguaje estético sin sacrificar claridad. Es un área donde el juego ya ofrece algo, pero podría ir un paso más allá para abrir puertas sin traicionarse.

Conclusión: ¿merece la pena The Henchmen?

73
The Henchmen es un sandbox criminal compacto que usa su estética PSX como lenguaje, no como disfraz. Brilla por ritmo, conducción arcade con personalidad y una ciudad que se convierte en herramienta de juego. Tropieza en cámara en espacios cerrados, algún pico por spawns y una progresión ligera que limita su poso. Recomendado para quien quiera acción noventera afinada y sesiones cortas con mordida; menos para quien busque sistemas profundos y mapa inagotable.

Lo mejor

  • Misiones cortas y rejugables con ritmo impecable
  • Conducción arcade con lluvia y nieve que importan
  • Ciudad diseñada como herramienta: rampas y atajos
  • Estética PSX integrada en el diseño jugable
  • Reintentos ágiles que evitan frustración

Lo peor

  • Cámara caprichosa en interiores y callejones
  • Picos por spawns agresivos y aleatorios
  • Progresión ligera reduce la rejugabilidad
Después de leerlo, ¿te comprarías The Henchmen?
¿Tienes una web o un canal? Inserta la nota de Noobs de The Henchmen. Obtener el código
Última actualización: 29 de septiembre de 2026
Insertar badge en tu web
Crear cuenta
Ya tengo cuenta