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Análisis The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered

The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered
¿Te comprarías este juego?
Lo primero que te entra por los ojos, obviamente, es el lavado de cara gráfico que le han dado. Y aquí tengo que decir que han hecho un trabajo bastante decente. Cyrodiil luce más vibrante que nunca. Los bosques son más frondosos, las ruinas antiguas tienen un aire más imponente y las ciudades... bueno, las ciudades siguen teniendo ese encanto peculiar, pero con texturas mucho más definidas. Se nota que le han metido mano a la iluminación, lo que le da al mundo una atmósfera más rica y creíble. Ver el atardecer sobre el Lago Rumare con estos gráficos renovados es una auténtica gozada.

Pero claro, no todo es un camino de rosas. Aunque han mejorado mucho los gráficos, hay ciertas cosas que cantan un poco. Las animaciones faciales, por ejemplo, siguen siendo un poco... raras. Los personajes a veces parecen estar mirando al vacío mientras te sueltan un discurso larguísimo. Y los modelos de algunos personajes, sobre todo los de las razas más... peculiares, siguen teniendo ese aire un poco tosco que ya tenían en el original. Digamos que han mejorado la pintura, pero el lienzo sigue siendo el mismo.



Jugabilidad: Luces y Sombras de un Clásico


En cuanto a la jugabilidad, aquí es donde las cosas se ponen más interesantes. Oblivion siempre ha sido un juego con una mezcla peculiar de mecánicas. Tenías una libertad increíble para explorar y crear a tu personaje, pero también tenías sistemas que... bueno, que a veces te hacían rascarte la cabeza.

La buena noticia es que han pulido algunas de las asperezas del original. El combate se siente un poco más fluido, aunque sigue sin ser el sistema más profundo del mundo. Digamos que ahora es menos probable que te quedes atascado dándole espadazos a un enemigo sin que pase nada. También han hecho algunos retoques a la interfaz, que ahora es un poco más intuitiva, aunque sigue teniendo ese aire un poco recargado que caracteriza a los juegos de Bethesda.

Pero luego están los sistemas que han mantenido casi intactos, para bien y para mal. El sistema de subida de nivel, por ejemplo, sigue siendo el mismo. Para los que no lo recuerden, en Oblivion subes de nivel tus habilidades usándolas. Si quieres mejorar tu habilidad con la espada, tienes que pegar espadazos. Si quieres mejorar tu magia de destrucción, tienes que lanzar hechizos de destrucción. Esto suena bien sobre el papel, pero en la práctica puede llevar a situaciones un poco absurdas, como tener que saltar sin parar para subir tu habilidad de atletismo. Es un sistema que te da mucha libertad, pero que también puede ser un poco... peculiar.

Y luego está el tema del escalado de nivel de los enemigos. Oblivion siempre ha tenido este problema de que los enemigos se vuelven más fuertes a medida que tú subes de nivel. Esto significa que, en teoría, siempre tienes un desafío, pero también significa que nunca te sientes realmente poderoso. Da igual lo fuerte que te hagas, siempre habrá un bandido con una armadura que te haga sudar la gota gorda. Es un sistema que tiene defensores y detractores, y en esta remasterización sigue generando el mismo debate.



La Magia de Cyrodiil: Misiones y Personajes que Perduran


Si hay algo que The Elder Scrolls IV: Oblivion siempre ha hecho bien, son sus misiones y sus personajes. Y aquí la remasterización no decepciona. Las misiones secundarias siguen siendo una auténtica joya. Desde investigar misteriosos asesinatos hasta infiltrarte en la Hermandad Oscura, pasando por las intrigas políticas de la Arena Imperial, hay para todos los gustos. Y los personajes que pueblan este mundo siguen siendo tan memorables como siempre. Desde el excéntrico Sheogorath, el Príncipe Daédrico de la Locura, hasta el estoico Martin Septim, cada uno de ellos tiene su propia personalidad y su propia historia que contar.

Es en estas misiones y en estos personajes donde realmente brilla. Es donde el juego te atrapa y te hace olvidar sus posibles defectos. Es donde te sientes parte de un mundo vivo y vibrante, un mundo que te invita a explorarlo y a descubrir todos sus secretos.

El Sonido: Un Viaje a la Nostalgia


La banda sonora es otro de sus puntos fuertes, y aquí la remasterización hace un trabajo excelente. Las melodías de Jeremy Soule siguen siendo tan épicas y emotivas como siempre, y ahora suenan con una calidad de sonido aún mayor. Escuchar el tema principal mientras cabalgas por las llanuras de Cyrodiil es una experiencia que te pone la piel de gallina.

Los efectos de sonido también han sido mejorados, aunque aquí hay un poco de controversia. Algunos puristas se quejan de que han cambiado algunos sonidos clásicos, como el sonido de las espadas chocando o el rugido de los Daedra. Personalmente, creo que los nuevos sonidos son más nítidos y contundentes, pero entiendo que haya gente que prefiera los originales.

Conclusión

Llegamos al final de este análisis, y la pregunta del millón es: ¿vale la pena volver a Oblivion con esta remasterización? Y la respuesta, como suele ocurrir con estos temas, es... depende.
Si eres un fanático del original, creo que sí vale la pena. Ver Cyrodiil con estos gráficos renovados es una experiencia que te llena de nostalgia y te permite revivir tus aventuras favoritas con una nueva perspectiva. Además, los retoques a la jugabilidad y la interfaz hacen que el juego sea un poco más accesible para los jugadores modernos.
Pero si nunca has jugado, o si lo jugaste en su momento pero no te convenció del todo, la remasterización puede que no te haga cambiar de opinión. El juego sigue teniendo sus peculiaridades, sus sistemas a veces extraños y sus limitaciones técnicas.
Última actualización: 02 May 2025
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