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Análisis Once Human

¿Te comprarías este juego?

Cuando Once Human irrumpió en la escena de los juegos de supervivencia en julio de 2024, lo hizo con la fuerza de una de sus propias tormentas anómalas. Prometía un mundo abierto masivo, una estética postapocalíptica con tintes de horror cósmico y una mezcla de mecánicas que recordaban a muchos titanes del género, pero con su propia y extraña identidad. Como veterano de innumerables apocalipsis virtuales, mi curiosidad era inevitable. Había tanto escepticismo como expectación: ¿otro gacha disfrazado de supervivencia o la evolución que el género necesitaba? Ahora, más de un año después, con mi base fortificada, un arsenal repleto de armas afinadas hasta el delirio y la cordura siempre al límite por culpa del Stardust, lo tengo claro: es una obra maestra imperfecta, un pozo de horas fascinante y, a veces, un ejercicio de frustración.

Jugabilidad: supervivencia con identidad propia

Tu viaje arranca como “Beyonder” en un mundo que ya no es el nuestro. La humanidad jugó con el Stardust y la realidad se torció. Los “Desviados” campan a sus anchas y el propio entorno es una amenaza. El juego no te arropa; te empuja al vacío y te exige aprender a nadar. Las primeras misiones funcionan como un tutorial lo justo para que no mueras de hambre, sed o locura. Y sí, la cordura aquí importa: exponerte a los horrores y a la contaminación del Stardust erosiona tu mente, y llegar a cero tiene consecuencias desagradables.

Este primer tramo es pura supervivencia: un bate improvisado, una ballesta que parece tan precaria como tus opciones y encuentros tensos donde el sigilo y la gestión del ruido mandan. Aprendes a leer los gruñidos antinaturales, a valorar la chatarra como si fuera oro y a priorizar siempre un objetivo: plantar tu Núcleo Territorial. Ese dispositivo es tu ancla en la locura, el epicentro de tu hogar y tu única zona realmente segura. Cuando lo instalas por primera vez y el área se purifica, el breve respiro sonoro se siente como una victoria enorme.

Construcción y fabricación: de la chabola al bastión

Una vez reclamado tu trozo de mundo, el diseño muestra su mejor cara. El trinomio construir–fabricar–explorar sostiene cientos de horas de juego, y el sistema de construcción brilla con luz propia. Es modular, flexible e intuitivo. No sufre la rigidez cuadriculada de otros ni la tiranía de físicas caprichosas: aquí planeas, encajas y levantas. Mi refugio pasó de cabaña de 2x2 a fortaleza de varios pisos con hormigón y acero, torretas, generadores, invernaderos y laboratorios. Esa progresión tangible, donde cada pared tiene detrás árboles talados, vetas mineras explotadas y materiales procesados por ti, genera un vínculo fuerte con la base. Por eso, cuando hordas atacan tu Núcleo, no defiendes un objetivo: defiendes tu casa.

La fabricación acompaña con un sistema de progresión llamado “Memética”. En lugar de puntos de experiencia al uso, desbloqueas recetas, estaciones y pasivas en un árbol tecnológico amplio. Quieres armas mejores: toca investigar forjas avanzadas. ¿Cansado de correr? Desbloquea el taller de vehículos. El juego siempre te da una zanahoria a corto y largo plazo. Las armas y armaduras admiten personalización profunda: miras, silenciadores, cargadores ampliados y, sobre todo, mods con efectos elementales, boosts de recarga o bonificaciones de defensa. El bucle de encontrar planos raros, reunir materiales exóticos, fabricar y luego optimizar con los mejores mods es la droga del endgame.

Exploración y mundo: un mapa vasto que cuenta historias

El mundo de Once Human es enorme y, lo más importante, está vivo a su retorcida manera. Su marketing presumía de una escala colosal, y no es humo: ciudades fantasmales con rascacielos heridos, suburbios congelados en el “antes”, instalaciones científicas convertidas en peceras del horror… La exploración rara vez se siente vacía porque cada ubicación sugiere una microhistoria. Notas, grabaciones y ecos espectrales alimentan el trasfondo con sutileza y mala uva.

La atmósfera es constante y opresiva. Los ciclos de día y noche importan; la niebla arrastrándose por valles, las tormentas de Stardust que convierten colinas familiares en paisajes alienígenas, y el sonido ambiental que te recuerda, incluso en calma, que algo no encaja. Te sientes pequeño y vulnerable, que es justo el estado emocional ideal para un survival con aspiraciones.

Combate y jefes: pegada sólida, resistencia excesiva

El gunplay es competente: las armas tienen peso, el retroceso se maneja bien y hay variedad suficiente para cualquier estilo, desde la escopeta devastadora al francotirador metódico. El cuerpo a cuerpo es viable, aunque más expuesto a errores caros. El gran problema, y no es menor, son las esponjas de balas. Muchos élites y jefes aguantan lo indecible, lo que convierte algunos combates en maratones de inventario: gana quien trae más munición, no necesariamente quien juega mejor. Se puede planificar, sí, y los estados alterados o la sinergia de equipo marcan diferencia, pero esa salud hipertrofiada rompe ritmos y enfría la adrenalina en los picos clave.

Ahora bien, el sistema de Desviados domesticados compensa con una capa táctica sabrosa. No todas las criaturas quieren tu cadáver: algunas pueden “purificarse” y unirse a tu causa. Estas unidades no son mascotas decorativas; escalan, se equipan y redefinen tu rol. Un escorpión ácido que despeja grupos, una criatura arbórea que absorbe daño… Preparar composiciones entre tu build, tu compañero y tu escuadra aporta variedad. Los momentos cumbre llegan en jefes de mundo y Bastiones: instancias que te exigen coordinación real y roles marcados. Cuando un tanque aguanta el chaparrón, el DPS sabe cuándo burstear y el sanador mantiene el tejido conectivo del grupo, el juego roza lo mejor del MMO-coop.

Multijugador y comunidad: dos caras bien diferenciadas

Se puede jugar en solitario y funciona, pero Once Human se disfruta más compartido. Entre servidores PvE y PvP, mi experiencia gravita al primero: cooperación, colmenas (Hives) como clanes funcionales, recursos compartidos y proyectos comunes de base. La comunidad, en general, sorprende para bien: veteranos que acompañan a novatos por su primera mazmorra o donan excedentes no son rareza.

En PvP la cosa cambia: es despiadado, de alta tensión y premia la organización. Aquí, otro jugador es el bioma más peligroso; tu fortaleza puede ser saqueada offline y cada saludo encierra una bala. No es mi hábitat, pero su existencia da cabida a quienes buscan ese filo constante. Que convivan ambas propuestas sin anularse es un acierto: el juego abraza perfiles dispares sin forzarte a un carril único.

Narrativa y lore: cuando el ambiente supera al libreto

El talón de Aquiles está en la historia principal. La premisa abraza lugares comunes: experimento desbocado, corporación turbia y tú como pieza clave para revertir el desastre. Las misiones caen con frecuencia en el recadero de manual: ve a A, mata X, recoge Y, vuelve a B. El guion y los personajes no dejan poso; no es extraño encontrarte pasando diálogos para volver a lo interesante. Es una lástima, porque el mundo tiene material para algo mejor. Al final, la narrativa ambiental —ruinas, ecos, descripciones— construye mucho más que las cinemáticas o encargos de la trama principal.

Arte y sonido: horror cósmico con personalidad

Artísticamente, Once Human es potente. Los Desviados tienen diseños que incomodan sin caer en lo obvio, mezclando anatomías imposibles con tecnología corrupta. La paleta cromática cambia con el estado del bioma y los eventos anómalos, y los efectos del Stardust aportan identidad visual propia. La escala del mundo ayuda: amaneceres filtrándose entre columnas de humo, lunas que bañan ciudades en ruina… hay fotogramas dignos de fondo de pantalla a patadas.

El audio subraya sin recargar. Capas ambientales, instrumentos distorsionados en las tormentas y composiciones que saben cuándo desaparecer para que te escuchen los pasos. En defensa de base, los zumbidos de torretas, la cadencia de disparos y los chillidos inhumanos generan tensión sin volverse caóticos.

Rendimiento y estabilidad: músculo con tirones

Todo ese despliegue tiene coste. Incluso con parches de optimización, el rendimiento puede resentirse: caídas de fps y stuttering aparecen, sobre todo en zonas densas o a alta velocidad en vehículo. No rompe la experiencia, pero sí la empaña; para verlo en alto con comodidad, el PC tiene que estar a la altura. La estabilidad general ha mejorado respecto a sus primeros compases, pero aún hay margen de pulido. Ojalá que las futuras versiones mantengan el músculo visual con menos sobresalto técnico.

En cuanto a plataformas, el juego se lanzó como free-to-play en PC y su hoja de ruta apunta a móviles y a consola, con planes de aterrizar en PlayStation y Xbox más adelante. Es un universo que, por densidad de sistemas y escala del mapa, pide hardware y una optimización muy fina para lucir en cada entorno; será interesante ver ese salto cuando llegue.

Contenido y valor: abundancia con grind

Si algo no le falta a Once Human es materia prima: árboles tecnológicos amplios, coleccionables, Bastiones, jefes de mundo, eventos dinámicos, sistemas de crafteo y personalización profundos, domesticación de criaturas… La progresión te da siempre algo deseable al alcance de unas horas más, y eso sostiene las sesiones largas. El reverso es el grind, especialmente en el tramo final. Ciertos materiales exigen repeticiones que, unidas a enemigos esponja, pueden convertir noches enteras en una cinta de correr. Si te motiva optimizar builds, rascar un 3% más de daño o perfeccionar tu base como reloj suizo, el juego te recompensa. Si buscas objetivos narrativos finitos y compactos, aquí te vas a sentir en una temporada sin final.

La monetización, por su parte, se centra en cosméticos: apariencias para personaje, armas y vehículos. Puedes conseguir lo importante jugando. La tentación de acelerar pasos existe —es un F2P—, pero la experiencia central no está cercada detrás de pasarelas de pago agresivas. Aun así, el modelo empuja hacia el tiempo invertido; si abrazas el bucle, lo asumes sin drama.

Innovación y comparativa: ecos conocidos, acentos propios

Once Human bebe de referentes claros del survival y los mezcla con una estética de horror cósmico poco explotada a gran escala. El sistema de cordura atado al Stardust, la domesticación de Desviados como pilar táctico y un constructor especialmente amigable son sus banderas. No revoluciona el género de raíz, pero sí aporta soluciones prácticas donde otros tropiezan: edificación sin fricción innecesaria, progresión clara por Memética y un multijugador que sabe cuándo comportarse como parque de aventuras cooperativo y cuándo como páramo hostil.

La gran pega que lo separa de la excelencia está donde ya hemos insistido: la esponjosidad de enemigos y el guion flojo. Hay margen de ajuste para reducir sacos de vida y subir la temperatura narrativa. Mientras tanto, lo que hay funciona y engancha, sobre todo si entras con amigos.

Pros y contras integrados

  • Construcción excelente: modular, flexible, satisfactoria de principio a fin.
  • Progresión por Memética clara y motivadora, con personalización de armas y mods muy profunda.
  • Exploración con atmósfera sobresaliente y narrativa ambiental efectiva.
  • Sistema de Desviados domesticados que añade táctica y variedad real al combate.
  • Contenido abundante en PvE, eventos y Bastiones con roles bien definidos.
  • Historia principal floja, misiones repetitivas y personajes olvidables.
  • Enemigos esponja que alargan combates y enfrían picos de emoción.
  • Rendimiento irregular con caídas y microtirones en escenarios exigentes.
  • Grind acusado en el endgame, acentuado por el modelo F2P.

Para quién es

Para amantes del survival que disfrutan construyendo sin atragantarse con sistemas toscos; para quienes aprecian un mundo opresivo que cuenta historias en sus ruinas más que en sus diálogos; para jugadores que quieren progresión larga, optimización y raids en equipo donde cada rol importa. Si te agotan los recados de trama, te frustran los sacos de vida y odias el grind, es probable que rebotes. En solitario se aguanta bien; en compañía, gana enteros.

Veredicto y nota

Starry Studio firma un mundo vivo y peligroso que captura con acierto la esencia de resistir y reconstruir contra todo pronóstico. Sus mejores virtudes —construcción, exploración, atmósfera y cooperación— pesan lo suficiente como para sostener el conjunto frente a una historia deslucida, enemigos desproporcionadamente resistentes y un rendimiento que aún necesita mimos. Si asumes el grind del F2P y vas con expectativas ajustadas, hallarás un superviviente notablemente entretenido, especialmente con amigos. Nota Noobs: 65.

Conclusión

Once Human es un survival ambicioso que triunfa en lo importante: construir, explorar y cooperar en un mundo opresivo y peligroso. Su historia es floja, los enemigos pecan de esponjas de balas y el rendimiento necesita más pulido, pero si aceptas el grind del F2P encontrarás una experiencia absorbente, mejor aún con amigos. Con vistas a futuras versiones y su salto a consolas, tiene margen para crecer. Nota Noobs: 65.
Última actualización: 8 de agosto de 2025
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