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Análisis Hollow Knight: Silksong

Hollow Knight: Silksong
¿Te comprarías este juego?

Siete años de expectación y una realidad más áspera

Hemos llegado. Tras años de memes, promesas, retrasos y teorías, Hollow Knight: Silksong ya está aquí. El regreso al universo de Hallownest—esta vez a través del reino vertical de Pharloom y en la piel de Hornet—ha provocado un fenómeno que se ha movido entre la devoción y la impaciencia. Y, una vez con el mando en las manos, lo primero que se impone es una sensación clara: esto no es “más Hollow Knight”; es un juego que patea la puerta, impone su propio ritmo y, a ratos, su propia dureza. Team Cherry lo presentó “disponible ya” y con soporte en todas las plataformas (incluido Game Pass), y a los pocos días liberó su primer parche con arreglos y pequeños ajustes de balance en el tramo inicial, señal de que van a cuidar el lanzamiento.

Si quieres una frase-resumen adelantada: Silksong es brillante y, a ratos, brutal; embriagador y, por momentos, extenuante. Es un “sí” rotundo para quienes buscan una metroidvania exigente, y un “depende” para quienes querían una excursión más amable por nostalgia del primer juego. La prensa ha tendido a elogiarlo con fuerza —por su diseño, ambición y personalidad—, aun señalando aristas claras: picos de dificultad, “runbacks” largos y una economía de recursos que aprieta más de lo previsto.

Contexto de recepción: entusiasmo global, grietas por localización y comunidad hiperactiva

En Steam, el juego debutó con Very Positive y cifras altísimas de usuarios, con especial fuerza en PC; la versión de PlayStation, por ejemplo, ni entró en el top 50 durante la semana de lanzamiento en EE. UU., un dato que subraya dónde está el núcleo de su público. A la vez, la oleada de reseñas en chino simplificado hundió temporalmente el promedio global por una localización muy cuestionada, que Team Cherry se comprometió a mejorar de inmediato. Fue el primer gran debate post-lanzamiento: diseño brillante vs. traducción que “rompe el tono”.

La conversación pública ha sido intensa: desde artículos de tono confesional que describen una relación “de amor y rabia” —seguir por puro orgullo o por comunidad, a pesar de secciones que desesperan— hasta recopilaciones de opiniones en Steam que oscilan entre el asombro y la crítica por “tedio” en ciertos tramos. Es decir, un juego que hace sentir… incluso cuando lo que sientes es frustración.

Un mundo que se escala: Pharloom, el reino de la ascensión

El primer choque viene del sentido de la verticalidad. Si Hollow Knight se sentía como un descenso al corazón de Hallownest, Silksong se concibe como una ascensión por Pharloom. Esta inversión espacial no es un detalle cosmético: condiciona la lectura de mapas, el backtracking y hasta la manera de pensar los accesos a zonas secretas. El diseño privilegia el movimiento ágil, los rebotes y los “ganchos” hacia arriba; Hornet baila más que camina. En medios especializados se repite esta idea de “escalar” el mundo como parte esencial de su identidad mecánica y, lo cierto, es que, una vez te adaptas, el mundo se lee con otra gramática.

En ese viaje hay descanso emocional: personajes como Sherma, ese peregrino optimista que tararea en aguas termales, se han convertido en pequeños altares de buen humor en mitad de un juego que, por lo demás, no perdona. Es una de esas pinceladas de humanidad (¿bichumanidad?) que amortiguan el desgaste y recuerdan la sensibilidad de Team Cherry por el tono.



Hornet, de cazadora a acróbata: movilidad, parry y ritmo de combate

Jugar con Hornet no es jugar con el Caballero. Es más rápida, más elástica, con animaciones afiladas y un timing que premia la iniciativa. La aguja unida al hilo imprime un ciclo de combate que engancha por su cadencia agresiva: clavarse al enemigo con diagonales, cancelar animaciones, contragolpear y mantener la presión. La prensa lo resume con una palabra: agilidad. Y si vienes del original, conviene “desaprender” hábitos: si tratas a Hornet como al Caballero, te van a “pasar por encima”.

El parry existe, pero no pretendas forzarlo como pilar: es un recurso valioso, no indispensable. Más importante es entender cuándo ser agresivo (casi siempre) y cómo gobernar los espacios diagonales. Ese dominio de los ángulos —sumado a herramientas de movilidad que llegan relativamente pronto— convierte los combates en un setpiece de precisión.

Seda en vez de alma: el bind

Team Cherry ya venía explicando la diferencia en la “economía vital”: Hornet teje seda y con esa seda se cura mediante Bind. Es rápido y —a diferencia del Focus del Caballero— puede hacerse en el aire, lo que incentiva curaciones oportunistas en pleno intercambio. De nuevo, ritmo agresivo: curas más cortas, con ventanas más breves. Esta filosofía se siente en cada enfrentamiento importante y empuja a mantenerse encima del enemigo.

Progresión y estructura: herramientas, “Wishwalls” y misiones con identidad

Silksong amplía el abanico de herramientas y misiones. Las Wishwalls en las ciudades actúan casi como tablones de encargos que marcan progresos y orientan el loop de “descubrir-mejorar-dominar”. Hay recados que son puro mundo, otros de combate y algunos de plataformeo puro que exigen manos de cirujano. Este sistema, sumado al mapa en ascenso, ayuda a no “perder el norte” cuando Pharloom se abre en abanico.

Un ejemplo clarísimo de cómo Silksong concibe su diseño modular es la misión “Great Taste of Pharloom”: una cadena larga de recolección con requisitos de movilidad (doble salto, garras, etc.) que te obliga a exprimir las mecánicas y a revisitar zonas con ojos nuevos. Es contenido side que parece main por cómo está integrado en la progresión del arma (aceites, mejoras) y en la economía.

Dificultad: lo mejor y lo peor de Silksong conviven aquí

La crítica coincide: Silksong es más difícil que Hollow Knight. La agresividad de los enemigos, los golpes de dos máscaras muy pronto, los “runbacks” hasta ciertos jefes —y los gank bosses, esos encuentros con varios enemigos que saturan la pantalla— son la patrulla que te escolta todo el juego. Se elogia ese filo pero se señala lo que seguro también sentirás: que, en ocasiones, se echa de menos alguna opción de accesibilidad o recortes en los trayectos de vuelta. La comunidad repite el diagnóstico: más bichos, más daño, más pantallas saturadas.

  • El número de jefes “de pandilla” que diluyen la lectura de patrones.
  • La sensación de que el tramo temprano golpea “demasiado fuerte” para los recursos que tienes.
Sucede que Silksong hereda lo mejor del “aprender a palos” del primer juego, pero a fuerzas mayores… y eso, inevitablemente, deja fuera a parte del público.

¿Se está ajustando algo? Team Cherry ya ha aplicado parches tempranos con correcciones y pequeños toques de balance en el inicio, y varios comentaristas señalan que el estudio podría suavizar a ciertos jefes de la primera mitad si el feedback lo confirma. No esperes un modo fácil, pero sí un pulido continuo de bordes.

Jefes, arenas y aprendizaje: cuando la épica se confunde con el desgaste

Los picos de Silksong siguen siendo sus jefes. La puesta en escena, la música y la lectura de patrones conforman un carrusel de memoria muscular. Lo mejor: ese momento en el que “ves la matriz” y empiezas a bailar por instinto. Lo peor: cuando la arena añade añagazas (adds voladores, teletransportes con tracking agresivo, desaparecidas fuera de cámara) y la pelea se alarga más por desgaste que por claridad. Varios jugadores lo expresan así: “maravilloso… pero a veces tedioso”.

El diseño de los “runbacks” —el camino desde el banco/atajo hasta el jefe— es el gran divisor de aguas. En lo personal, he acabado aceptándolo como parte del ritual; no es Sekiro, pero comparte esa idea de prepararte en el trayecto. Ahora bien, en jefes particularmente móviles, que “se salen de plano” a menudo, el runback es ese último pellizco de sal en la herida.

Arte y sonido: la elegancia de un mundo hilado fino

No hay debate: visualmente, Silksong deslumbra. Las zonas —de las grutas musgosas a las fortificaciones coralinas— exhiben una paleta más viva y un trazo más agresivo que en Hallownest, acorde con la personalidad de Hornet. Y la banda sonora de Christopher Larkin vuelve a ser un actor principal: más orquestal, más dramática, con temas de combate que elevan la adrenalina y leitmotivs que te acompañan horas después de apagar la consola. El álbum salió día 1 (53 pistas) y la reacción ha sido de ovación prácticamente unánime.

De hecho, el propio fandom se ha montado su festival: remixes, homenajes y hasta piezas dance con personajes como Sherma y Shakra convertidos en “vocalistas” de temas virales. Es la otra cara de Silksong: un juego que genera cultura a su alrededor en tiempo récord.



Rendimiento, bugs y primeros parches

En lo técnico, Silksong ha salido sólido, aunque no impecable: hay informes puntuales de bugs y cuestiones de calidad de vida que el primer parche ya ha empezado a limar. Buena señal: hay “oreja” para el feedback y ritmo de respuesta. La traducción al chino simplificado ha sido, con diferencia, el mayor incendio del lanzamiento. La crítica nativa describe un estilo artificioso, “teatral”, que distorsiona el tono y complica la comprensión, con impacto directo en los votos negativos; a los pocos días, el estudio dijo que mejorará esa localización. Es un recordatorio de que Silksong es, ante todo, atmósfera y matiz: si rompes la música del lenguaje, rompes la experiencia.

Para el resto de idiomas, las quejas son menores y se centran más en términos puntuales que en la línea editorial global. Aun así, si dependes fuertemente de una localización concreta, conviene vigilar notas de parche y, si puedes, alternar con el inglés hasta que llegue una revisión definitiva.

Estructura de progreso y economía: “te aprieta de forma deliberada”

La economía de Silksong es más tacaña. Obtener materiales de mejora (como los aceites para la aguja) y pagar ciertas tasas tiene una curva más empinada; completar misiones largas —como la citada Great Taste of Pharloom— no es mero coleccionismo: es la gasolina que te permite aguantar el siguiente bloque de jefes. Esa interdependencia entre misiones, herramientas y exploración da cohesión, pero también multiplica la sensación de “trabajo” cuando el juego te frena con un muro. Ahí está la línea fina entre la gracia y el castigo que muchos usuarios debaten.

Estructura social y comunidad: del desahogo al consejo

Parte del encanto del lanzamiento ha sido jugar a la vez que todos: guías que florecen, hilos de estrategia, consejos de “vuelve más tarde por la izquierda” o “usa el gancho diagonal aquí” que te salvan de un bloqueo. La experiencia de comunidad refuerza un juego así, donde el lore es susurro y la ruta óptima nunca es obvia. Ese colchón social ha hecho que mucha gente —incluso quienes confiesan estar “pasándolo mal”— continúe hasta ver créditos, por orgullo, por afinidad o por el simple deseo de sentir algo fuerte.

Comparativa con Hollow Knight: ¿más grande = mejor?

Silksong es más grande y más afilado. Si el primero era una sinfonía de melancolía y descubrimiento, este es una partitura de tensión, ascenso y arrojo. Mueve el eje del combate hacia la iniciativa y la diagonal, cambia la gestión de curación y, sobre todo, rebaja (a veces) la legibilidad de ciertos encuentros en favor de “más ruido” y exuberancia. ¿Pierde algo por el camino? Para parte del público, sí: esa claridad quirúrgica de algunos jefes de Hollow Knight se diluye aquí cuando la pantalla se convierte en un enjambre. Para otros, gana personalidad y adrenalina. En la prensa, el consenso se sitúa más cerca del elogio que de la duda.

Música, de nuevo: cuando la aguja baila al compás

No me resisto a subrayarlo: la OST de Larkin no solo adorna, estructura el juego. Temas como los de Lace o las piezas de exploración “luminosas-tensas” aportan un color distinto al original: menos lóbrego, más en guardia. La disponibilidad inmediata en plataformas de música ha convertido sus pistas en compañía de estudio para medio internet —y en combustible emocional para volver a intentarlo una vez más.

Conclusión

Aun así, el resultado global es extraordinario. Desde la crítica profesional hasta la mayoría de usuarios, el consenso tiende al aplauso, con la advertencia clara de que este no es un juego “para todos los públicos”. Si tu relación con el género tolera—o celebra—la dureza, lo vas a amar; si tu límite de frustración es corto, quizá prefieras mirar desde la barrera… o entrar con la promesa de que saldrás mejor jugador de lo que entraste.
Última actualización: 14 September 2025
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