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Análisis Destroy All Humans! 2: Reprobed

Destroy All Humans! 2: Reprobed
¿Te comprarías este juego?

Destroy All Humans! 2: Reprobed llega como remake del clásico gamberro de 2006, y lo hace con una carta de intenciones clarísima: darte un arsenal alienígena absurdamente divertido, soltar chistes con acento pulp y permitirte convertir ciudades enteras en un parque de atracciones del caos. Lo he jugado a fondo, exprimiendo sus misiones principales, secundarias y paseos de destrucción libre, y vengo con una idea firme: cuando Reprobed funciona, es puro desenfreno de vieja escuela con un brillo moderno; cuando no, sus costuras técnicas y de diseño se notan más de la cuenta.

Una sátira retro que sigue teniendo mordiente

La narrativa en Reprobed conserva el tono socarrón del original: conspiranoia sixties, espías caricaturescos, contracultura hippie y agencias gubernamentales ridículamente incompetentes. Crypto, con su sarcasmo y mala leche, es la clase de protagonista que te suelta un one-liner cada dos muertes y no pide perdón por ello. El guion es ligereza pura, pero sabe lo que hace: los chistes son anacrónicos a propósito, el humor tiene filo sin pasarse de cínico y el ritmo avanza a base de set pieces que jamás se toman demasiado en serio. No esperes giros dramáticos, pero sí una comedia de enredo que conecta las misiones con excusas lo bastante pintonas como para poner a Crypto a usar su platillo, su sonda y su arsenal con alegría contagiosa.

Las escenas intermedias han recibido un empujón en animación facial y puesta en escena, y aunque no llegan al estándar cinematográfico de los triple A más actuales, logran que la chanza funcione. La localización al español de España está cuidada, con adaptaciones que respetan el tono macarra; si eres de los que recuerda frases icónicas del original, vas a sonreír con frecuencia.

Jugabilidad: sand-box de caos con sabor a arcade

La base jugable es un buffet alienígena: telequinesis para lanzar coches y personas, armas que van desde el clásico Zap-O-Matic a juguetes más creativos como el Dislocator o el Meteor Strike, y habilidades de infiltración como la Holobob para disfrazarte y trolear a humanos desprevenidos. Las misiones combinan infiltración ligera, tiroteos sin parar y objetivos de demolición, todo envuelto en retos secundarios que te piden acabar con X arma o no ser detectado para ganar mejoras. Es un diseño deliberadamente directo: disparar, volar, reventar y reír.

Lo mejor de Reprobed es el control híbrido entre suelo y aire. En tierra, Crypto se siente ágil: el jetpack te permite reposicionarte y mantenerte en altura para convertir las calles en una galería de tiro vertical. En el aire, el platillo es una extensión natural del caos: succionas humanos, reduces edificios a chatarra y activas secuencias de pánico en cadena. El juego brilla cuando alternas rápido entre ambos planos: limpias un perímetro a pie, subes al platillo para borrar una comisaría y vuelves a rematar con un arma específica para cumplir el último bonus.

La progresión de mejoras acompaña con gusto: los árboles de habilidades para Crypto y la nave no son interminables, pero cada nodo que desbloqueas se siente. Más alcance en la telequinesis, cadenas eléctricas que saltan entre enemigos, escudos más fiables, y un platillo que pasa de juguete travieso a herramienta de terraformación local. Es un arco que te empuja a experimentar y a variar de armas, evitando el monolito de “una build para todo”.

El diseño de niveles se reparte por varios mapas inspirados en urbes sesenteras reinterpretadas con caricatura: Bay City, Albion, Takoshima, Tunguska y Solaris. Cada una aporta personalidad visual y una gramática de combate propia: calles estrechas con verticalidad, avenidas anchas para el platillo, muelles con coberturas improvisadas. No son mundos enormes, pero sí suficientemente densos para el tipo de travesura que pide el juego. Las secundarias, sin ser revolucionarias, tienen chispa: secuestros absurdos, sabotajes vestidos de sátira y desafíos que exprimen las herramientas.

Sensación de combate y control

Disparar en Reprobed es gratificante porque todo tiene respuesta física. Los cuerpos vuelan, los coches rebotan, los impactos eléctricos encadenan enemigos como fichas de dominó. La telequinesis es la estrella: agarrar a un policía, usarlo de ariete para tirarle a otro y rematar con una descarga que incendia una gasolinera es el pan de cada minuto. El juego recompensa la mirada creativa: ¿qué pasa si combino el Dislocator con el jetpack para lanzar a un enemigo por encima de una valla? ¿Y si arrastro un cohete disparado hacia su dueño?

Los tiroteos a pie, eso sí, heredan cierta rigidez old school: el apuntado tiene autoasistencia generosa que a veces pelea con tu precisión manual, y la IA humana rara vez va más allá de rodear y cargar. El reto no viene de la inteligencia enemiga, sino de la masa y el control del espacio. La curva de dificultad se siente honesta: empiezas como un matón con juguetes, terminas como una tormenta de ciencia ficción compacta.

Ritmo y variedad

La campaña dura alrededor de 12-15 horas si te centras en lo principal, y se puede estirar a 20 si te gusta completar objetivos secundarios y buscar coleccionables. La variedad está más en el “cómo lo haces” que en el “qué haces”: sobran rescates e infiltraciones ligeras repetidas, pero el juego se salva porque las reglas del sandbox cambian sutilmente según el barrio o el tipo de unidad enemiga. Los segmentos con el platillo son los highlights: demoliciones a gran escala con una coreografía casi musical cuando encadenas succión, disparo cargado y desintegración de edificios. Hay misiones puntuales que rompen la dinámica con minijuegos y persecuciones; no todas funcionan igual, pero se agradece la intención.

Arte y dirección visual

Reprobed apuesta por un estilo caricaturesco con texturas limpias, iluminación moderna y materiales reflectantes que hacen que el metal alienígena y el neón sesentero luzcan a tope. Las ciudades no buscan fotorealismo, sino personalidad, y la consiguen: Bay City tiene olor a psicodelia; Albion, a lluvia y espionaje; Takoshima, a kaiju y neón; Tunguska, a conspiración fría; Solaris, a sci-fi pulp de manual. Los modelados de Crypto y los NPC han sido rehechos con mimo, con expresiones exageradas que casan con el tono.

Los efectos de partículas, chispas, ondas de choque y deformación del aire al usar ciertas armas suman a la teatralidad. Hay momentos en los que el juego te pide quedarte quieto un segundo para disfrutar del cuadro: una avenida con coches ardiendo, carteles gigantes iluminando el humo, y Crypto recortado contra el fuego mientras suelta una broma mala. Esa es la fantasía que vende y, cuando la clava, es irresistible.

Sonido: humor y contundencia

El sonido es otro pilar: las armas suenan con pegada cartoonesca, hay reverb y estruendo sin caer en el ruido blanco, y el platillo retumba con un bajo agradecido. Las voces —inglés y alemán con audio completo, el resto localizadas en textos— mantienen la vis cómica. El español de España, en particular, brilla en los textos con giros coloquiales bien tirados. La banda sonora se mueve entre funk ligero, surf rock y temas que parodian el espionaje televisivo de la época. No se te van a quedar tarareos para la historia, pero sí ambienta de maravilla y sube enteros la sensación de persecución cuando el HUD se tiñe de alerta.

Rendimiento y estabilidad: el pie cojea

Aquí llega la nota amarga. En PC, incluso con hardware moderno de gama media-alta, he experimentado bajones de frames puntuales que rompen el flow, sobre todo en demoliciones masivas con mucho humo y partículas en pantalla. En mi caso, jugando con un procesador Ryzen 5 y una gráfica de la serie actual con 16 GB de VRAM y 16 GB de RAM, había tramos que se desplomaban a 15-20 fps durante unos segundos. No son constantes, pero sí lo bastante frecuentes como para que te pienses antes de encadenar dos habilidades de alta carga de partículas en zonas densas.

Los menús ofrecen ajustes razonables —sombras, oclusión ambiental, distancia de dibujado, efectos— y hay margen para subir y bajar con impacto visible, pero la optimización general parece irregular: puedes bajar uno o dos presets y seguir encontrando microstutters al girar rápido la cámara en entornos urbanos complejos. En cuanto a estabilidad, he sufrido un par de cuelgues al cargar checkpoints y un bug recurrente con objetivos que no se marcaban como cumplidos hasta repetir un tramo. Nada game-breaking, pero suma fricción.

En consolas, el perfil es más estable, con límites de framerate conservadores y menos libertad de configuración. Aun así, el sacrificio de nitidez en algunos escenarios se nota. Reprobed es un juego que pide fluidez para lucir su juguetería de destrucción, y cada tropiezo de rendimiento le roba punch a los mejores momentos.

Contenido y valor

Como paquete, Reprobed es honesto: campaña completa, secundarias con chispa, desafíos, coleccionables, y la diversión emergente de su sandbox. No hay multijugador ni cooperativo en línea; la experiencia está pensada para el single player que busca desestresarse a base de humor y destrucción. Si te gustó el original, este remake entrega la misma receta con una presentación actual y controles más finos. Si entras nuevo, te llevas un juego que sabe exactamente qué ofrece y lo sirve sin disculpas.

La rejugabilidad existe si te enganchas a mejorar todo y a sacar objetivos perfectos, pero no esperes capas sistémicas profundas a lo Immersive Sim. Reprobed es un arcade musculoso y, como tal, su encanto está en repetir set pieces con soluciones cada vez más exageradas. La relación precio-contenido es correcta, y con descuentos se convierte en una compra especialmente golosa para los amantes del caos juguetón.

Innovación: más pulido que rompedor

Este remake no pretende reinventar nada. Su innovación va por el lado del tacto: mejor control del jetpack, telequinesis más fina, un platillo más contundente, físicas vistosas y una capa visual que acerca el conjunto a los estándares actuales. El bucle sigue siendo el del 2006 con esteroides: destruir, succionar, infiltrarte, repetir. Las pequeñas adiciones de calidad de vida y el mimo audiovisual sí elevan la experiencia, pero si buscas ideas de diseño que cambien el género, no las vas a encontrar.

Pros y contras, integrados en la experiencia

Cuando estoy en Bay City, salto de azotea en azotea con el jetpack, lanzo un coche contra un grupo de agentes y encadeno un Meteor Strike que deja la calle convertida en un cráter humeante, recuerdo por qué este remake merecía existir: te da herramientas y te invita a jugar con ellas sin complejos. El humor funciona, Crypto está en forma, y cada explosión pide la siguiente. Esa es la cara brillante.

La cruz: en cuanto el framerate se tambalea, la fantasía se resquebraja; un enemigo se queda atascado, una misión te pide repetir una condición un pelín quisquillosa, y las repeticiones de ciertos objetivos te recuerdan que, bajo el barniz, hay un diseño con dos décadas en su ADN. Nada de eso mata la diversión, pero sí la condiciona. Tras varias horas, aprendes a mitigar los problemas ajustando gráficos, evitando aglomeraciones de partículas absurdas y salvando con frecuencia para esquivar bugs esporádicos. Con eso, Reprobed se queda como un parque de atracciones al que vuelves cuando necesitas un chute de gamberrismo digital.

Veredicto

Destroy All Humans! 2: Reprobed es exactamente lo que promete: un remake que conserva la mala uva y el desenfreno del original, envuelto en una presentación moderna con más músculo audiovisual y una jugabilidad que brilla cuando sueltas el freno. No es un juego que viva de su historia ni de su sofisticación sistémica; vive de convertirte en la amenaza alienígena que el cine pulp prometía, con armas locas, físicas juguetonas y ciudades que se desmoronan al ritmo de tu risa. Sus problemas de rendimiento y alguna rigidez heredada le impiden llegar a cotas más altas, pero cuando la cosa va fina, te lo pasas como un niño malo en una tienda de fuegos artificiales. Si te atrae ese plan, adelante: verás muchas naves arder sobre los cielos de Bay City, y cada chispa valdrá la pena.

Conclusión

Gamberro, directo y satisfactorio cuando el caos fluye, Destroy All Humans! 2: Reprobed cumple su promesa con estilo caricaturesco y arsenal delicioso. La sátira sesentera sigue funcionando, el control mixto tierra-aire es su gran acierto y la progresión te empuja a experimentar. Lástima de una optimización irregular en PC y alguna rigidez de diseño que delatan su origen. Si aceptas esos peros, es un parque de destrucción irresistible para apagar el cerebro y sonreír con cada explosión.
Última actualización: 28 March 2026
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