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Análisis Cyberpunk 2077

¿Te comprarías este juego?

Cyberpunk 2077 llega con el peso de años de expectación y retrasos, y con la promesa de sumergirnos en una distopía luminosa y sucia a partes iguales. Lo he jugado en PC, en un equipo de gama media/alta, y desde esa experiencia —muy distinta a la de las consolas de pasada generación— he pasado por un viaje que empezó denso, incluso abrumador, y acabó convirtiéndose en una de esas historias que te atrapan cuando todas las piezas del rompecabezas, por fin, encajan. Con muchos matices, sí; pero también con la convicción de que, en lo audiovisual y en lo narrativo, Night City es una obra potente y, por momentos, fascinante.

Jugabilidad y sistemas RPG

Cyberpunk 2077 es un ARPG en primera persona que mezcla disparos, sigilo y un buen puñado de sistemas de rol. Desde el minuto uno, el editor de personaje destaca por su ambición: no solo te deja definir el aspecto con un detalle inusual —incluidos los genitales—, sino que te permite escoger entre tres orígenes (nómada, chico de las calles o corpo) que marcan el arranque y salpican diálogos posteriores. Es un planteamiento coherente con el género, que ayuda a identificarnos con V y su lugar en la ciudad.

Sobre esa base, el progreso se apoya en atributos y ventajas. El juego recompensa la especialización: puedes orientarte a la fuerza bruta, a la agilidad y las armas, a la tecnología para crear y mejorar equipo, o al intelecto para el hackeo. La variedad de ciberimplantes añade otra capa clave: mejoran tu movilidad, tus reflejos o tu capacidad para «romper» sistemas enemigos a través de los quickhacks, abriendo puertas a resolver los encuentros desde ángulos muy distintos. El ciberware, además, funciona como parte del propio «fantasma» cyberpunk: cuanto más potente te vuelves, más dependes de tecnología que te acerca y te aleja de tu humanidad a la vez.

En el papel, los sistemas son robustos y permiten diseñar builds muy diferentes. En la práctica, brillan sobre todo en el sigilo y el hackeo, donde las opciones se multiplican: desactivar cámaras, provocar cortocircuitos, cegar enemigos, manipular entornos… También en el cuerpo a cuerpo hay margen, con armas blancas y mejoras que lo hacen satisfactorio. Con todo, la eficacia de muchas estrategias acaba viéndose condicionada por una IA que no siempre está a la altura, lo que reduce el desafío si buscas apurar al máximo.

Night City: espacio vertical y sobrecargado de estímulos

La ciudad es, sin duda, la gran protagonista. Night City impresiona tanto por su escala como por su verticalidad: capas superpuestas de asfalto, pasarelas, áticos inalcanzables y bajos fondos iluminados por neón. Caminas y sientes que cada calle ofrece una postal, una vibra, un aroma a aceite quemado y comida callejera. Hay mercados, vendedores, muros digitales, conversaciones cruzadas, y esa sensación de masa urbana que no descansa. Es un entorno pensado para ser recorrido sin prisa, deteniéndote a contemplar detalles que, a cada esquina, te recuerdan dónde estás.

Ahora bien, esta misma ambición hace que, si vienes de otras ciudades abiertas «de manual» tipo GTA V, eches en falta cierta consistencia sistémica: los NPC no reaccionan con la misma variedad cuando los provocas, la policía en vehículo carece de persecuciones que te pongan realmente contra las cuerdas, y detalles como deformaciones complejas en la carrocería, pinchazos o la simulación del agua no alcanzan ese nivel fino de interacción. Night City es desbordante como decorado y atmósfera, pero menos sólida cuando la examinas como «ecosistema» reactivo. Aun así, el conjunto visual, si puedes mantener ajustes altos, es potentísimo.

Narrativa y personajes: cuando el rompecabezas encaja

Mi experiencia con la historia pasó de la saturación inicial —demasiados nombres, facciones, barrios, tecnicismos— a la entrega total cuando las tramas empezaron a encajar. Es como esa serie que necesita cinco capítulos de presentación antes de apretar el gatillo: cuando lo hace, ya estás dentro. La línea principal es adulta, no rehuye temas crudos y se permite escenas de intimidad y erotismo tratadas con naturalidad. Y, sobre todo, sabe modular el ritmo: alterna golpes de efecto con momentos de pausa y conversación en los que, paradójicamente, el juego alcanza su mayor fuerza.

Los personajes secundarios están bien perfilados, con personalidades reconocibles y motivaciones claras. Las misiones paralelas no son mero relleno: se entrelazan con el arco principal para enriquecerlo, y algunas de ellas dejan poso emocional. La toma de decisiones, en general, sirve para matizar el tono de V y nuestro papel en el mundo. Es cierto que la mayoría de elecciones no cambian el curso global de los acontecimientos; funcionan más como color, como vehículo para sumergirte en tu versión de V. Sin embargo, hay decisiones concretas que sí repercuten en relaciones importantes e incluso en el final, lo justo para sentir que tu camino es tuyo.

La interpretación y el doblaje —bien dirigidos— sostienen esta inmersión. Los diálogos son extensos y piden disposición: sentarte, escuchar, responder, dejar que la ciudad respire contigo. Y, aunque me han gustado muchos segmentos de acción, he disfrutado especialmente esas partes «estáticas» en las que la cámara se fija y las miradas, las pausas y las voces llevan el peso. Son momentos en los que Cyberpunk 2077 brilla como ficción interactiva.

Combate, sigilo e IA

El gunplay combina armas balísticas, tecnológicas e inteligentes, con sensaciones distintas: desde rifles que perforan coberturas hasta pistolas con proyectiles guiados. El retroceso, los efectos y la variedad apoyan un buen ritmo, y el repertorio de ciberimplantes —doble salto, brazos potenciados, reflejos aumentados— permite moverte con agresividad. Cuando mezclas esto con hackeo y un poco de planificación, los assaltos tienen chispa.

El problema es que, a medio plazo, la IA queda por detrás de las posibilidades del jugador. Enfrentamientos que prometían una dificultad creciente acaban resultando previsibles: enemigos que tardan en reaccionar, rutas de patrulla simples, flanqueos que no terminan de ejecutarse. En las primeras horas puede parecerte desafiante, pero pronto aprendes a «leer» sus patrones y el reto se desinfla. No es cuestión de que las misiones estén mal diseñadas —de hecho, muchas proponen mapas y objetivos interesantes—, sino de que, con limitaciones técnicas claras, el combate pierde mordiente.

El sigilo, por su parte, es satisfactorio cuando te apoyas en quickhacks, silenciosas entradas y neutralizaciones, y hay margen para resolver niveles sin disparar. Es otra manera de disfrutar la ciudad, más lenta y metódica, y se entiende bien con ese enfoque de «película en la que somos protagonistas».

Arte, sonido y dirección

El apartado artístico es sobresaliente: colores saturados, neones, tipografías agresivas, cartelería omnipresente y aristas industriales que dialogan con implantes brillantes y pantallas omnipresentes. Es una ciudad diseñada para escupirte anuncios y halagos visuales sin descanso. La banda sonora alterna electrónica contundente con ritmos más oscuros y temas ambientales que sostienen el tono entre la melancolía y el exceso. Los efectos de sonido —armas, motores, interfaces— son consistentes y ayudan a la inmersión.

Lo técnico y lo artístico se abrazan cuando, subiendo la calidad gráfica, Night City te enseña sus mejores galas: reflejos urbanos, humo y volumetrías que dan profundidad a cada calle. Aquí está uno de los grandes «peros» del juego: disfrutarlo así exige músculo en PC. Y esa exigencia, mal acompañada por la optimización de lanzamiento, condiciona demasiado la experiencia.

Rendimiento y estabilidad

Es importante insistir: esta es una review basada en PC. En mi equipo de gama media/alta, el juego se ve espectacular con ajustes altos, pero la optimización del día uno no estuvo a la altura de un AAA. Bugs de diversa índole —glitches visuales, scripts que tardan en dispararse, físicas caprichosas— no rompieron mi partida, pero sí erosionaron la inmersión en momentos puntuales. Y, sobre todo, el rendimiento exigía recortar o ajustar opciones para estabilizar la experiencia, algo que no debería ser la norma en un proyecto de esta envergadura tras tantos años de desarrollo.

Como programador, uno sabe que el testeo y la optimización son parte indisoluble del producto. Aquí faltó tiempo, pulido o ambas. Es comprensible que todo lanzamiento grande arrastre errores; lo que no se puede normalizar es que los más obvios se cuelen en la experiencia de la mayoría desde la trama principal. Los parches llegan, sí, pero el daño de un estreno áspero no se borra del todo.

Consolas de pasada generación

El panorama en PS4 y Xbox One, en su salida, fue especialmente pobre: bajadas de frames acusadas, imagen borrosa, crasheos y problemas de guardado. No es de extrañar el malestar de los usuarios, y menos aún que no hubiera análisis previos de esas versiones en medios generalistas: cuando no enseñas un producto es, casi siempre, porque sabes que no está listo. Fue una práctica fea y difícil de justificar, que sitúa a la comunidad en segundo plano y empaña los logros del juego allí donde sí luce.

Contenido y valor

Cyberpunk 2077 no es un mundo abierto de “hacer por hacer”. Sus misiones principales y secundarias, los encargos de fixers repartidos por distritos y los recados de barrio componen un tapiz variado. No sientes que repitas idénticos objetivos en bucle, en parte porque el juego se preocupa por vestir cada situación con un contexto: quién te llama, qué te piden, qué hay en juego. El resultado es una progresión que, aunque puede tentarte a desviarte sin parar, funciona mejor si la encaras con calma y atención a diálogos y detalles.

La conducción cumple su papel de pegamento entre zonas, con coches y motos que invitan a perderte; pero no esperes una simulación compleja ni persecuciones que pongan a prueba tu pericia con la policía. Es un medio para llegar, más que un sistema que quiera ser protagonista.

En cuanto a la rejugabilidad, cambiar de origen, priorizar otro estilo (hacker sigiloso, brute force, asesino quirúrgico, artesano de equipo) y tomar decisiones clave ofrece suficiente margen para una segunda vuelta con sabor distinto, aunque las grandes líneas del relato mantengan su esqueleto.

Ritmo y curva de entrada

El arranque es denso. El juego te bombardea con jerga, caras, empresas, barrios y promesas. Si entras con prisas, te fatiga; si entras con disposición a «ver la serie completa», el retorno llega a partir de cierto punto, cuando las relaciones se asientan, los villanos muestran su cara y tú eliges tu lugar en el tablero. Esta exigencia no es un defecto per se, pero sí una barrera: Cyberpunk 2077 funciona mejor como experiencia que se saborea que como título de picoteo.

Lo que deslumbra y lo que chirría

Hay dos pilares incuestionables: la dirección artística y la narrativa. Cuando Night City se enciende y la historia aprieta, no hay marcha atrás: estás dentro. Y, a la vez, hay dos talones de Aquiles: la IA y la optimización de lanzamiento, que recortan la experiencia y alimentan una sensación agridulce. Ese contraste es, en esencia, el juego: maravilla audiovisual y narrativa, saboteada por un debut que no estuvo a la altura de lo prometido.

  • Brilla: ciudad hipnótica, vertical y densa; historia adulta con momentos memorables; personajes con identidad; doblaje muy bueno; sistemas RPG flexibles y ciberimplantes que cambian la forma de jugar.
  • Flojea: IA torpe y encuentros que se abaratan con el tiempo; detalles sistémicos de mundo abierto por debajo de referentes del género; optimización y bugs que rascan; versiones de PS4 y Xbox One en mal estado en su salida.

Innovación y encaje en el género

Cyberpunk 2077 no reinventa el mundo abierto clásico, pero sí propone una fusión efectiva de ARPG en primera persona con un enfoque narrativo cinematográfico y una ciudad cuya verticalidad e imaginería no tienen equivalente cercano. No es la simulación urbana más sofisticada, pero como «escenario-obra» de ciencia ficción, su coherencia estética y su capacidad de absorberte marcan diferencia. En lo sistémico, el hackeo integrado en el flujo de combate y exploración es su aporte más reconocible.

Pros y contras integrados

Hay un hilo conductor entre las virtudes y los defectos: ambición. La misma apuesta por construir una ciudad casi «demasiado viva» para la época en que salió explica en parte que el rendimiento se resintiera y que, bajo la superficie, algunos sistemas de mundo no estuvieran al nivel de detalle que el envoltorio sugiere. La misma densidad narrativa que me saturó al principio es la que, después, me mantuvo pegado a la pantalla. Y la misma libertad para armar builds creativas expone las carencias de la IA cuando la llevas al límite.

Para quién es

Si buscas una historia potente, adulta y bien interpretada en un escenario de ciencia ficción deslumbrante, y la idea de sentarte a escuchar, observar y decidir te convence, Cyberpunk 2077 en PC es para ti. Si, en cambio, priorizas la simulación urbana sistémica, una IA puntera y persecuciones de manual, aquí te vas a chocar con los límites. Y si tu plataforma principal es una consola de pasada generación, lo sensato es ser especialmente cauto y, como mínimo, informarte muy bien sobre el estado actual antes de lanzarte.

Veredicto Noobs.es: 82

Me duele tener que meter el freno frente a una obra que, en lo que más me importa —historia, personajes, atmósfera—, me ha encantado. Tenía mimbres para pelear por ser el juego del año. Pero su lanzamiento atropellado, una optimización insuficiente y una IA por debajo del resto lastran el conjunto. Aun así, en PC, lo que propone y cómo lo propone justifican el viaje: muchas horas valiosas, un universo con personalidad arrolladora y la certeza de que, cuando Cyberpunk 2077 pone toda su maquinaria a favor del relato, es difícil no rendirse a Night City.

Conclusión

Cyberpunk 2077 me ha gustado mucho donde más importa: historia, personajes, diálogos y una Night City arrolladora. En PC, con un buen equipo, es una aventura placentera y larga, digna de saborearse. Pero su salida atropellada, la optimización mejorable y una IA floja le impiden alcanzar la grandeza que rozaba con la yema de los dedos. Con todo, sigue siendo un viaje imprescindible para amantes de la ciencia ficción. Nota Noobs.es: 82.
Última actualización: 27 de septiembre de 2023
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